Ibiza. Isla, pueblos, gentes, playas, cultura.

Si hay un destino turístico en Europa que destaque sobremanera al llegar el verano, ese sin lugar a dudas es Ibiza. Su nombre es sinónimo de grandes fiestas, juergas y desmadres. Sin embargo, para los que vivimos en esta hermosa isla, Ibiza es paz, campos de almendros, playas solitarias y sosiego, mucho sosiego.
La isla.
Lo primero que suele llamar la atención del visitante son las dimensiones de este paraíso. Lo que para muchos puede ser un desplazamiento diario, aquí nos parece una distancia infinita. En treinta y dos kilómetros, las carreteras se acaban. En el simple trayecto desde la capital hasta la Cala San Vicente, algunos debemos tomar algo de biodramina. Los desplazamientos al trabajo o al lugar de recreo se traducen en minutos y eso repercute en calidad de vida. En tiempo ganado al tiempo. En un “no hay prisas” presente en toda la isla.
Sus pueblos.
Antes de la gran invasión turística, Ibiza estaba compuesta por la ciudad alta y cuatro pueblos. Pescadores de arraigadas costumbres, Sant Antoni, Santa Eulália, Sant Josep y Sant Joan. De los cuatro, sólo este último, más al norte y aislado, ha sabido conservar el más puro estilo ibicenco. Tal vez por su “lejanía” de las grandes carreteras y de la ciudad principal. Hoy en día, esta división es más administrativa que real. Los complejos urbanos crecen por toda la costa, a excepción de los tramos de la costa norte. Esta zona es tan escarpada que a su multitud de calas sólo es posible acceder en barco y el interés de los complejos turísticos es escaso. Playa d’en Bossa o Port des Torrent se han convertido en enormes centros de ocio dedicados casi en exclusiva al turismo.
Sus gentes
Para definir Ibiza, quizás multicultural sería el término más apropiado. La población payesa hace tiempo que se vio superada por gentes de todas las nacionalidades y lugares de Europa. Quizás predominen los alemanes e ingleses, pero si se queda el tiempo suficiente, podrá conocer italianos, franceses, belgas, holandeses y, de llegada más reciente, la Europa del Este y Sudamérica. La colonia africana también ha establecido sus raíces en la isla, como en casi toda España, junto con Oriente. En lo que al payés de más rancio abolengo se refiere, suelen ser personas de tradiciones arraigadas, de espíritu mediterráneo por regla general (vuelva usted mañana) que han permitido y aceptado la incursión de las nuevas culturas sin perder de vista ni un momento el encanto de las propias. Pese a moverse en círculos cada vez menos cerrados (aún quedan quienes definen a los peninsulares como “murcianos”) su permisividad hacia el resto de culturas ha conseguido dejar buenos dividendos a la isla.
Sus playas.
De fama mundial, las calas de Ibiza consiguen adeptos con cada temporada veraniega. No son pocos los que buscan un lugar cada vez más recóndito y menos poblado para tomar un baño sin más compañía que el mar, las rocas y los pinos. Los chiringuitos han dejado de servir sardinas y cervezas para pasar al coctel y el canapé. La música invade (a veces destroza) un paisaje en el que sólo los pájaros y las olas deberían hacer ruido. Pero afortunadamente, también quedan playas de este tipo, dónde el chapoteo de los niños sólo molesta a los pequeños peces que pueblan este fondo del Mediterráneo.
Su cultura.
Hasta hace poco desconocida, descuidada y abandonada a su suerte. La caída generalizada del turismo y la búsqueda de la temporada de invierno ha hecho necesaria la creación de nuevos estandartes de una isla olvidada. Al menos ha servido para que las autoridades volviesen la vista atrás y dedicasen más tiempo a cuidar su legado. Más de dos mil años de historia han aparecido donde antes sólo había piedras y jarrones rotos. Un interés provocado por los ingresos extraordinarios de la declaración de Ibiza como Patrimonio de la Humanidad. Es triste que sólo así la clase política, más empeñada en demostrar su ferviente catalanismo que sus intenciones de progreso, se haya puesto de acuerdo para conservar un legado cultural inmensamente más relevante que la propia extensión de Ibiza.

