Hacía tiempo que no visitaba la playa de Talamanca. En realidad, los residentes no suelen utilizar playas urbanas salvo que no tengan ganas de desplazarse o les apetezca tomar un refrigerio en alguno de los locales o chiringuitos del lugar. Dicho esto, nos dirigimos a la playa tomando la circunvalación que rodea Ibiza y llegando hasta la conocida como rotonda de Pacha. Adivinen porqué. Una vez allí tomamos la carretera que corre paralelaa al complejo Marina Ibiza, donde veremos un gran paseo pegando al mar con instalaciones marineras. Al final de dicho camino encontraremos la indicación a la playa de Talamanca.
Al llegar nos encontraremos en una bahía cerrada, con una gran cantidad de embarcaciones fondeadas y una extensa zona arenosa, de un kilómetro aproximadamente, que podremos recorrer con total comodidad gracias a un paseo de madera que bordea la playa de una punta a otra.
Lo primero que me llamó la atención fue la gran parada de autobuses, la mejor que he visto en toda la isla, y he visto muchas. El transporte en autobús es una de las grandes bazas de esta playa para quienes no alquilen un medio de transporte, pues el servicio es excelente en comparación con el resto de líneas de transporte de la isla. A la derecha se encuentran un par de chiringuitos, algunos muy conocidos en la isla, que se extienden sobre unos cincuenta metros de playa. Hacia la izquierda, una instalación con duchas perfectamente equipadas, con asientos para personas con alguna discapacidad, integrada en el entorno, donde proliferan los hostales, casitas y restaurantes, siempre con construcciones de perfil bajo y de aspecto muy marinero.
Mientras avanzamos, vamos descubriendo una oferta lúdica muy variada, con zonas para el deporte de arena y varias sombrillas de cañizo para protegerse del sol. La gama de deportes acuáticos es también muy amplia, con escuelas de vela y buceo. El sky naútico y el sky bus también están presentes. Los puestos de vigilancia aseguran un día tranquilo en una zona donde el viento sopla hacia el interior, evitando así cualquier sorpresa al bañista, que dispone de varios metros de zona apta para el baño, perfectamente delimitada por una baliza. Conforme nos acercamos al extremo opuesto, las algas van haciendo acto de presencia en el agua, lo que hace menos recomendable el baño.
De vuelta, disfrutando del paseo, reparé en las farolas de la playa, provistas de paneles solares. Alguien se ha empeñado en que la playa de Talamanca no deje de tener, aún siendo de carácter urbano, ese sabor a rincón natural, a paraje sostenible dentro del desarrollo de la isla, y si visitan la playa, podrán comprobarlo. |