Sant Miquel es un pequeño pueblo, casi aldea, situado a mitad de camino entre Sant Joan, municipio al que pertenece, y Sant Antoni. Nada más llegar podemos ver la iglesia que da origen a la localidad. Situada en un montículo desde el que se divisa todo el valle, desciende una carretera con varias curvas que desemboca en la calle principal. Algunas casas pintorescas y varios edificios de viviendas conforman el resto del núcleo urbano.
Se trata de una de las zonas más tranquilas y limpias de la isla, con un paisaje sorprendentemente verde y un aire digno de respirar. |