Ibiza y Formentera: Paraísos

Ibiza y Formentera

Ibiza y Formentera, las islas pitiusas, son las menores de las islas baleares. Islas de pinos, presentan caracteres, cultura y tradición muy similares. Sin embargo, la relativa lejanía de Formentera (3,6 kilómetros)  y sus reducidas dimensiones, le dieron una historia diferente y, sobre todo, un desarrollo urbanístico muy inferior al de la castigada Ibiza.

Traslados entre Ibiza y Formentera

A pesar de dar la impresión de encontrarse unidas, el paso entre ambas islas sólo puede producirse a través del barco. Miles de turistas cruzan cada año esta estrecha franja para disfrutar de las cálidas y cristalinas aguas de Formentera. Los ferrys cruzan a casi cualquier hora partiendo de puntos tan diversos como el puerto de Ibiza, Figueretas, Playa d’en Bossa, Talamanca, Sant Antoni, Santa Eulária, Es Canar y desde prácticamente cualquier punto en el que se encuentre un embarcadero disponible.

Los precios suelen rondar los veintidós euros, algo más si tiene prisa y prefiere coger uno de los transportes rápidos que puede encontrar en el puerto de Ibiza. También existen los denominados Water Taxis. Servicios de taxi acuático que le conectan entre Ibiza y Formentera, aunque sólo recomendables para bolsillos selectos.

El clima en Ibiza y Formentera.

A pesar de la corta distancia , las diferencias de clima entre Ibiza y Formentera son más que notables. Si bien en Ibiza podemos encontrar zonas más frescas, e incluso relativamente frías, situadas al norte, por el sur el aire de las salinas comienza a hacer mella en la piel. La isla de Formentera se encuentra más al sur y menos protegida. Su cota de altitud es baja y el terreno es prácticamente llano. El aire puro del Mediterráneo es capaz de tostar a cualquiera. La exposición al viento de Formentera en cualquiera de sus puntos es máxima. Para que se haga una idea, el índice de exposición solar aumenta dos puntos entre ambas islas.

El ambiente en Ibiza y Formentera

Durante el día, contrastan los vehículos que circulan por la primera y el denso tráfico rodado, con los turistas montados en bicicletas y ciclomotores que circulan por las “salvajes” carreteras de la isla menor. La noche en cambio no tiene nada que ver. Al ambiente puramente discotequero que vive la mayor, Formentera la contrasta con noches cálidas de ambientes relajados. Y es que la vida en Ibiza y Formentera no tienen nada que ver. Mientras los ibicencos han tenido que revolucionar sus pulsaciones para acomodarse a las exigencias del turismo, los formentereses han sabido conservar esa parsimonia donde la prisa no tiene hueco, y el mundo corre a otra velocidad.

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