Turismo en Sant Francesc. Ibiza

Sant Francesc

Sant Francesc

Nos encontramos en un lugar donde los ibicencos han estado contemplado atardeceres desde tiempos inmemoriables. Sant Francesc de S’Estany, antes lugar de paso obligado de paso y oración para los trabajadores de la sal, es un pequeño punto en el mapa conformado por tres casas y una iglesia. Pero un detalle lo hace increíblemente especial. Sant Francesc besa la salinera conquistando el atardecer de Ibiza. Tanto en invierno como en verano, no se vaya sin disfrutar de esta pequeña maravilla para el turismo.

Como llegar a Sant Francesc.

El minimalista núcleo urbano de Sant Francesc se encuentra a la salida de la localidad de Sant Jordi, en la antigua carretera que une esta población con las playas de Ses Salines y Es Cavallet, y otro punto de vital importancia histórica de la isla, pero mucho menos conocido, el muelle de la sal.

Hoy día, podemos llegar a travesando el núcleo de Sant Jordi o tomando la carretera del aeropuerto y abandonandola al pasar Sant Jordi en dirección al aeropuerto. En el primero de los casos, encontraremos una glorieta junto al antiguo hipódromo con cuatro salidas. Deberemos seguir las indicaciones hacia las playas y en unos tres kilómetros, en los que dejamos a la derecha las pistas del aeropuerto, y lugares tan emblemáticos como el DC10, llegamos al punto más interior de la salinera. Llegamos a Sant Francesc.

Qué encontraremos en este punto de Ibiza.

En lo que a construcciones se refiere, pues cuatro casas, un bar y un centro de fitness. Suponemos que los habitantes de dichas casas deben estar inmunizados contra los mosquitos, uno de los principales azotes de los salineros y responsable antiguamente de enfermedades como el paludismo. Aunque hoy en día no hay casos de esta enfermedad, los mosquitos no han abandonado este hábitat.

Pero lo que indudablemente llama la atención es la iglesia. Fechada en el siglo dieciocho, hoy en día es un lugar poco frecuentado, salvo cuando algún famoso decide casarse en un marco tan natural, incomparable y mágico, que sólo algunos descubren al acercarse al lugar que sus tierras están vigiladas por Es Vedrá.

Tras la iglesia de Sant Francesc, agua, tierra y sal. Matorrales típicos mediterráneos que albergan una flora y fauna única. Y todos dan la espalda a un monumento de relativa construcción, un homenaje a los que dejaron la vida en la sal, fuente de la economía durante siglos. La estatua del salinero.